Marco Teórico
Las
políticas públicas en la prevención y control del sobrepeso y obesidad:
Indicadores
de medición de impacto
Hablar
de alimentación como derecho fundamental el ser humano, es un tema obligado
para ser atendido y revisado por las políticas públicas y los actores que en
ella intervienen.
No
obstante a pesar de compromisos globales en materia de alimentación y
nutrición, hoy en día en el país se presenta un panorama contrastante, en donde
por un lado tenemos población con problema de desnutrición y hambre y por otro
lado, población con sobrepeso y obesidad, padeciendo de enfermedades crónicas
no transmisibles.
Por lo
tanto el ritmo acelerado y la magnitud del problema del sobrepeso, obesidad y
diabetes, es una preocupación creciente de las autoridades del sector salud,
principalmente porque se coloca en una situación de vulnerabilidad al sistema
nacional de salud, al causar costos incontables e insostenibles de forma
directa e indirecta.
La
obesidad es una enfermedad de etiología multifactorial, de curso crónico en la
cual se resaltan aspectos de tipo genético, ambiental y de los estilos de vida.
Se caracteriza por un balance positivo de peso corporal que ocurre cuando las
calorías ingeridas exceden el gasto energético, resultando en depósitos de
grasa en el cuerpo. Es decir, se presenta un desequilibrio energético,
resultado de que se consume más energía de la que se gasta (Barquera,
Campirano, Campos, Safdie y Rivera, 2002: 113-122).
El diseño e implementación de políticas públicas y programas que
permitan alcanzar la prevención y el control del sobrepeso y la obesidad
representan un todavía un reto para América Latina, incluido México, así como
para la mayoría de las regiones en el mundo.
En la mayoría de los países el sobrepeso y la obesidad son clasificados
como un problema de salud pública severo que requiere medidas urgentes de
atención a todo nivel, incluyendo el diseño, implementación, monitoreo y
evaluación de políticas y programas. Según la Organización Mundial de la Salud
(OMS, 2015) al 2014 existían 1.900 millones de adultos, mayores de 18 años, con
exceso de peso, de los cuales 600 millones presentaban obesidad. Así mismo, al
2013 existían 42 millones de niños menores de cinco años con sobrepeso u
obesidad.
Para garantizar el éxito en la implementación de iniciativas que permitan
superar los fenómenos del sobrepeso y la obesidad, es necesario e importante
consultar y basar el trabajo en la evidencia científica y/o en intervenciones
probadas. Pero al parecer, la realidad muestra que existe una limitada
información sobre los resultados e impacto de políticas y programas que hayan
enfrentado estos problemas de una forma amplia e integral.
La
realidad que experimenta México a partir de la transición nutricional se
caracteriza por la desafortunada occidentalización de la dieta mexicana, en la
cual aumenta la disponibilidad a bajo costo de alimentos procesados pero adicionados
con altas cantidades de grasas, azúcar y sal; que además presenta un considerable
aumento en el consumo de comida rápida; disminuye el tiempo disponible para la
preparación de alimentos; aumenta en gran medida la exposición a publicidad
sobre alimentos industrializados y productos que facilitan las tareas
cotidianas y el trabajo de las personas, lo cual lleva a la disminución del gasto
energético.
El
aumento del poder adquisitivo de la población también aumenta la oferta de
alimentos industrializados en general y disminuye de forma importante la
actividad física de la población.
Se
puede identificar que la urbanización de forma conjunta con los cambios sociales,
tecnológicos y económicos que ocurren en el país en las últimas décadas, son
los responsables de las modificaciones en los patrones de actividad física,
alimentación, en el entorno laboral y en
los momentos de esparcimiento. Anteriormente, la mayoría de los trabajos
requerían un esfuerzo físico considerable y los momentos de esparcimiento se
aprovechaban en pasatiempos más activos. (Barquera, 2010)
Barquera
(2010) considera que estos cambios donde el sedentarismo y la dieta han
propiciado que la obesidad actualmente se considere una epidemia en todos los
grupos de edad, que experimenta una velocidad de aumento que no ha sido
registrada en ningún otro país, un grupo técnico de la Secretaría de Salud, el
Instituto Nacional de Salud Pública, así como diversas instituciones académicas
y de salud han diseñado los principales objetivos de una estrategia contra el
sobrepeso y la obesidad.
Esta
estrategia es el eje rector de la política pública en materia de prevención y
control del sobrepeso y obesidad en el país, por ello este inicio, involucró la
revisión de la magnitud y trascendencia del problema en México, la evidencia científica
internacional, así como las intervenciones que se han llevado a cabo en otros países
y los diversos programas nacionales, estatales y locales. Posteriormente se
hicieron diversas consultas con los sectores involucrados y se convocó una reunión de expertos nacionales e
internacionales en nutrición y prevención de obesidad y enfermedades crónicas,
en la cual se evaluaron la evidencia, los objetivos y las acciones
identificadas, y se hicieron sugerencias que enriquecieron las políticas de
control planteadas. Sin embargo, se reconoce que este proceso es continuo, por
lo que para la revisión e implementación de una política pública para la
prevención y control de la obesidad y sobrepeso exige un seguimiento puntual,
no tan sólo con indicadores de proceso y/o resultado, sino también y de forma
necesaria de impacto.
El
diagnóstico de la situación en México permite identificar claramente la
necesidad de contar con una política integral, multisectorial, multinivel que
mantenga una coordinación efectiva para lograr cambios en los estilos de alimentación
y actividad física que permitan la prevención de enfermedades crónicas, la reducción
de la prevalencia de sobrepeso y obesidad, y la disminución de mortalidad
cardiovascular y por diabetes mellitus tipo 2.
Lo
anterior debido a que el panorama situacional coloca al país con cifras alarmantes
como las que presenta la Encuesta Nacional de Salud 2012 (Gutiérrez JP. et.al.,
2012) y la Secretaría de Salud (2011) en las cuales se destaca que:
Se ha
registrado un ascenso de la prevalencia de sobrepeso y obesidad en la población
de menores de 5 años, pasando de 7.8% a 9.7%, respectivamente.
El 34.4%
de niños y niñas de 5 a 11 años sufren sobrepeso u obesidad (19.8% sobrepeso y
14.6% obesidad).
Un 35%
de los adolescentes entre 12 y 19 años presentan sobrepeso u obesidad. Uno de
cada cinco adolescentes tiene sobrepeso y uno de cada diez presenta obesidad.
En la
población adulta, se encontró una prevalencia combinada de sobrepeso u obesidad
de 73% para las mujeres y 69.4% para los hombres
Se
resalta que la obesidad es responsable de entre 8% y 10% de las muertes
prematuras en México.
La
Estrategia contra el sobrepeso y la obesidad (Secretaría de Salud, 2015)
contempla como metas:
1.
Revertir, en niños de dos a cinco años, el
crecimiento de la prevalencia de sobrepeso y obesidad a menos de lo existente
en 2006.
2.
Detener, en la población de 5 a 19 años, el
avance en la prevalencia de sobrepeso y obesidad.
3.
Desacelerar el crecimiento de la prevalencia
de sobrepeso y obesidad en la población adulta.
4.
El costo total del sobrepeso y la obesidad ha
aumentado (en pesos de 2008) de $35 mil millones en el 2000 al
estimado de $67 mil millones de pesos en el 2008.
5.
Para el 2017 el costo indirecto alcanzará los
$73 mil millones de pesos.
De la
misma manera la Secretaría de Salud del país identifica como alarmante lo que
representa en costos para el país la atención de la obesidad ya que para el
2017 el costo total ascenderá a casi $160 mil millones de pesos.
Se
identifican 10 objetivos principales en los que se puede basar una política de
Estado para prevenir efectivamente el desarrollo de obesidad y enfermedades crónicas.
Los primeros requieren tanto de una participación gubernamental como de una
decidida voluntad individual (aumentar la actividad física, el consumo de agua
simple potable, y de frutas y verduras, etc.). La segunda mitad de los objetivos requiere de
una participación importante del Gobierno Federal y de la industria para lograr
resultados significativos (como reducir la cantidad de azúcar adicionada a los
alimentos, eliminar las grasas trans en los alimentos industrializados,
disminuir el tamaño de las porciones o limitar la cantidad de sodio adicionada
en alimentos).
Como
objetivos prioritarios para la Estrategia contra el sobrepeso y la obesidad
(Secretaría de Salud, 2010:5), se contempla consensuar acciones asesoradas por
grupo de expertos convocados por la Secretaria de Salud señalándose las
siguientes:
–
Fomentar la actividad física en la población en los entornos escolar, laboral,
comunitario y recreativo, con la colaboración de los sectores público, privado
y social.
–
Aumentar la disponibilidad, accesibilidad y consumo de agua simple potable.
–
Disminuir el consumo de azúcar y grasas en bebidas.
–
Incrementar el consumo diario de frutas y verduras, leguminosas, cereales de
granos enteros y fibra en la dieta, aumentando su disponibilidad, accesibilidad
y promoviendo su consumo.
–
Mejorar la capacidad de toma de decisiones informadas de la población sobre una
dieta correcta a través de un etiquetado útil, de fácil comprensión y del
fomento del alfabetismo en nutrición y salud.
–
Promover y proteger la lactancia materna exclusiva hasta los seis meses de
edad, y favorecer una alimentación complementaria adecuada a partir de esa
edad.
–
Disminuir el consumo de azucares y otros edulcorantes calóricos añadidos en los
alimentos, entre otros aumentando la disponibilidad y accesibilidad de
alimentos reducidos o sin edulcorantes calóricos añadidos.
–
Disminuir el consumo diario de grasas saturadas en la dieta y reducir al mínimo
las grasas trans de origen industrial.
–
Orientar a la población sobre el control de tamaños de porción recomendables en
la preparación casera de alimentos, poniendo accesibles y a su disposición
alimentos procesados que se lo permitan e incluyendo en restaurantes y
expendios de alimentos tamaños de porciones reducidas.
–
Disminuir el consumo diario de sodio, reduciendo la cantidad de sodio adicionado
y aumentando la disponibilidad y accesibilidad de productos de bajo contenido o
sin sodio.
Mencionado
grupo técnico se conformó con expertos de diferentes sectores de gobierno. Entre
los principales, colaboradores que se sumaron a la Secretaría de Salud se
encuentran: COFEPRIS, IMSS, ISSSTE, Secretaria de Economía, PROFECO, Secretaria
de Educación Pública, CONADE, Secretaria de Hacienda y Crédito Público,
SAGARPA, SEDESOL, DIF, INMUJERES, organizaciones no gubernamentales, sindicatos,
medios de comunicación, industria alimentaria y la academia, entre otros. Nunca
antes se había concentrado de esta forma el esfuerzo del sector salud en la prevención
y el control del sobrepeso, la obesidad y las enfermedades crónicas asociadas, tal
y como lo refleja el Plan Nacional de Salud.
Pareciera
que la integración de sectores clave en la conformación de las políticas
públicas en materia de salud era compleja, sin embargo se logró abordar la epidemia
de la obesidad como uno de los más importantes retos a futuro, asumiendo el papel
y responsabilidad central.
Es
así como esta Estrategia pretendió ser un trabajo en continua actualización,
integrando evidencia y nuevos conocimientos generados en los ámbitos nacional e
internacional.
Definitivamente
podemos observar que una de las principales barreras de esta política pública
en materia de prevención y control de sobrepeso y obesidad en México, ha sido
consensuar con la industria alimentaria, a la cual muchos de los cambios propuestos
le representarían gastos en el desarrollo de nuevas formulaciones y a su vez
una posible perdida en ventas.
De
igual forma la Estrategia Nacional para la prevención y el control del
sobrepeso, obesidad y la diabetes considera que la relación entre economía y
salud presenta un aumento de 20 años en la expectativa de vida de la población
lo cual se traduce en 1.4% de incremento adicional del Producto Interno Bruto,
por lo que se debe considerar que este aumento en la prevalencia, pero
principalmente en la carga de enfermedad generan la obesidad o la diabetes.
(ENSOD, 2013).
Considerando
que el objetivo primordial de esta Estrategia Nacional es mejorar los niveles
de bienestar de la población y contribuir a la sustentabilidad del desarrollo
nacional al desacelerar el incremento en la prevalencia de sobrepeso y obesidad
en los mexicanos, a fin de revertir la epidemia de las enfermedades no
transmisibles, particularmente la diabetes mellitus tipo 2, a través de
intervenciones de salud pública, un modelo integral de atención médica y
políticas públicas intersectoriales podemos observar notablemente que todo
programa o intervención aplicada a los programas sociales en la prevención del
sobrepeso, obesidad y enfermedades no transmisibles, no sólo se limitan a
acciones unilaterales, por el contrario se considera la implementación de un
modelo integral que de manera directa involucre políticas públicas
intersectoriales, las cuales realmente garanticen los resultados esperados.
Retomando
lo desarrollado en las primeras líneas de este marco teórico, podemos observar
que ha sido en un ritmo acelerado en el que México ha encabezado la lista de
países con mayor prevalencia de obesidad en su población. Sin embargo para
poder revertir esta condición es necesario que no sólo se aborde el problema
desde un solo ángulo, sino desde una visión integral por lo cual nos permitimos
desglosar los pilares que conforman la Estrategia Nacional.
La
Estrategia Nacional contempla para garantizar el alcance de su objetivo general
plantea la integración de tres pilares y seis ejes estratégicos, que a su vez
contienen componentes y actividades, las cuales son necesarias considerar en el
diseño de programas e intervenciones.
Pilar Salud Pública;
considera preservar la salud a nivel poblacional a través de la promoción de
estilos de vida saludables, campañas de educación, así como monitoreo del
comportamiento de las enfermedades no transmisibles, sus ejes estratégicos
vinculados de la Estrategia Nacional (México, 2013) son: ´
Vigilancia
Epidemiológica de las enfermedades no transmisibles
Promoción
de la Salud y Comunicación Educativa
Prevención
Pilar Atención Médica;
busca garantizar el acceso efectivo a los servicios de salud a través de
intervenciones médicas dirigidas a la población con factores de riesgo,
involucrando de forma conjunta la capacitación de recursos humanos en salud y
fomento a la investigación científica, algunos de sus ejes estratégicos son:
·
Acceso efectivo a Servicios de Salud
·
Calidad en Servicios de Salud
·
Mejora de competencias y capacidades resolutiva
del personal de salud
·
Infraestructura y tecnología
·
Abasto de medicamentos y pruebas de
laboratorios
·
Monitoreo de la cadena de suministros
·
Investigación y evidencia
Pilar Regulación Sanitaria y Política
Fiscal, otro de los pilares que presenta la Estrategia Nacional
es este el cual pretende establecer respuestas efectivas ante el panorama de
las enfermedades no transmisibles, a través de la regulación del etiquetado y
la publicidad de alimentos y bebidas, de manera particular, la dirigida al
público infantil, además de impulsar políticas fiscales que disminuyan el
consumo de alimentos de escaso valor nutricional. Dentro de sus ejes
estratégicos se encuentran:
·
Reformas en materia de publicidad de alimentos
y bebidas
·
Reformas en materia de etiquetado de alimentos
y bebidas
·
Medidas fiscales para disminuir el consumo de
alimentos y bebidas con escaso valor nutricional.
Con
este eje, se pretende ligar el factor económico, estipulando medidas
recaudatorias que permitan disminuir consumos no sanos.
De
forma conjunta a los pilares de la Estrategia Nacional se encuentran sus ejes
rectores, los cuales marcan no sólo las líneas de acción, sino las directrices
que garanticen la efectividad de los programas sociales dirigidos a la
prevención y atención del sobrepeso, obesidad y enfermedades no transmisibles,
siendo estos:
·
Investigación y evidencia científica
·
Corresponsabilidad
·
Transversalidad
·
Intersectorialidad
·
Evaluación del impacto
·
Rendición de cuentas
En
definitivo las políticas públicas deben propiciar una generación que se
sustente en buenos hábitos de alimentación y ejercicio, y en una búsqueda
constante en donde las Instituciones permitan que los contextos se transformen
en ambientes saludables.
Aunque
hasta ahora ningún país tiene bajo control esta epidemia, hay esfuerzos
alentadores en países como Alemania, Gran Bretaña, España y Chile en los que
están participando todos los sectores sociales. En México, a través de la
Estrategia Nacional para la prevención y el control del sobrepeso, obesidad y
la diabetes, se empiezan a identificar los esfuerzos como lo son: la
elaboración e implementación de los lineamientos sobre el consumo de bebidas
saludables, en la necesidad de realizar cambios sustanciales en las escuelas
primarias y en regular la publicidad de alimentos y bebidas dirigidas a los niños.
Se incorporan a diversos sectores el régimen alimentario, actividad física y
salud, la cual involucra a todas las esferas sociales, como la pauta para
realizar cambios socialmente trascendentes en las formas de alimentación y
ejercicio. Se espera que siguiendo estas estrategias, bajo la coordinación de
la Secretaría de Salud, que reconoce la importancia de la prevención, y al
mismo tiempo con la participación de otros sectores gubernamentales y privados,
será posible revertir la tendencia del sobrepeso y la obesidad, además de la
reducción de la prevalencia de las enfermedades no transmisibles.
La
Estrategia también contempla el apartado de evaluación, que es en el que nos
centraremos para efectos de este trabajo. Esta propone medidas enfocadas a
estabilizar y revertir el proceso y las implicaciones que se han generado por
la epidemia del sobrepeso y la obesidad; debido a que las medidas que se
tomarán deberán ser integrales y exhaustivas es necesaria una evaluación
permanente.
La
evaluación atenderá primordialmente dos objetivos: rendición de cuentas y
lograr la identificación de problemas y retos en el diseño o la operación del
programa, para que así pueda existir una retroalimentación entre todos los
involucrados y generar las recomendaciones pertinentes para una mejora continua
y de calidad.
Algunos
de los indicadores que se contemplan son:
•
Proceso y producto. Se derivan del actor relacionado con el problema y a su eje
de acción.
•
Resultado. Se enfoca básicamente en observar las variables dentro del periodo de
acción (corto, mediano y largo plazo), tomando como referencia el porcentaje de
población con obesidad y sobrepeso, hipertensión o hipercolesterolemia; el
porcentaje de actividad física realizada; porcentaje de ingesta diaria de
frutas y verduras; y mortalidad según las causas.
De
tal forma que los indicadores a emplear son:
-
Acciones de salud pública.
-
Regulación sanitaria y política fiscal.
-
Acceso efectivo a servicios de salud.
-
Infraestructura y personal para el cuidado de
la salud.
-
Costos directos por gastos en salud.
-
Costos indirectos por menor productividad.
-
Ámbito familiar.
-
Alimentación / Dieta Nacional (Opción 1,
demanda consumidores).
-
Alimentación / Dieta Nacional (Opción 2, lado
de la oferta).
-
Estilos de vida / Activación física.
-
Variables socioeconómicas.
-
Infraestructura urbana.
Dentro
de las acciones que el Estado ha implementado para dar respuesta a este
importante reto de salud pública, el Instituto Mexicano del Seguro Social IMSS,
2012) desarrolla dentro de sus programas de prevención y atención a la salud el
denominado PREVENIMSS, el cual nace para dar respuesta a la problemática
mencionada, a través de la implementación de un el proceso de mejora de la
medicina familiar, que incluye la Estrategia de Programas Integrados de Salud,
diseñada durante 2001 y puesta en operación en 2002, que integra acciones antes
dispersas, de ahí su denominación; para fines de comunicación, se formó el
acrónimo PREVENIMSS, que fusiona el concepto prevención con las siglas del
Instituto Mexicano de Seguridad Social (IMSS). Se trata de una estrategia que
ordena y sistematiza la prestación de los servicios preventivos a través de
cinco grandes programas:
• Salud del Niño
(menores de 10 años)
• Salud del Adolescente
(de 10 a 19 años)
• Salud de la Mujer (de
20 a 59 años)
• Salud del Hombre (de
20 a 59 años)
•
Salud de Adulto Mayor (60 y más años)
De tal
forma que en él se desarrollen atenciones preventivas integradas (API) las
cuales consisten en realizar al derechohabiente todas las acciones preventivas
en una sola atención por la misma enfermera y en el mismo módulo o consultorio
de la enfermera o enfermero especialista en medicina familiar, de acuerdo a los
grupos de edad y sexo de cada uno de ellos.
Los
programas integrados de salud PREVENIMSS logran ser una estrategia de
prestaciones de servicios cuyo propósito se desprende de la política pública en
materia de prevención y control del sobrepeso y la obesidad, a través de la
provisión sistemática y ordenada de acciones relacionadas con la promoción de
la salud, la vigilancia de la nutrición, la prevención, detección y control de
enfermedades, salud sexual y reproductiva y atención médica. (IMSS, 2012)
Se
operacionaliza a través de la acciones preventivas integrales (API) y de los
grupos educativos PREVENIMSS que son un conjunto de derechohabientes que
reciben actividades de promoción y educación para la salud sistematizados y
ordenados por PREVENIMSS en las Estrategias Educativas de Promoción a la Salud
(EEPS).
Estos
programas integrados de salud, que aterrizan en acciones de la política pública
en salud para la prevención y control del sobrepeso y obesidad para los
derechohabientes el IMSS, contemplan de igual forma que la Estrategia Nacional
indicadores, pero sólo de resultado y son:
- Índice
de API (Atención Preventiva Integrada) por atención curativa
- Cobertura
de atención integral PREVENIMSS
- Productividad
de atención preventiva integrada por personal de enfermería.
- Índice
de sospecha de la detección de diabetes mellitus con glucómetro en hombres de
45 a 59 años.
- Cobertura
de detección de primera vez de Cáncer Cérvico - uterino en mujeres de 25 a 64
años.
- Cobertura
de detección de Cáncer de Mama por mastografía en mujeres de 50 a 69 años.
- Cobertura
con esquemas completos de vacunación en niños de un a{o de edad.
- Porcentaje
de atención preventiva integral (API)
- Disminución
porcentual de la tasa de mortalidad por cáncer cervico uterino en mujeres de 25
y más años.
- Índice
de enfermeras por médicos familiares
- Cobertura
de protección anticonceptiva posparto (incluye cesárea)
- Proporción
de aceptantes de métodos hormonales en el posparto (incluye cesárea)
- Cobertura
de protección anticonceptiva postaborto
- Tasa
de partos por mil mujeres en edad fértil (Régimen ordinario)
- Tasa
de abortos por mil mujeres en edad fértil (Régimen ordinario) (IMSS, 2012)
La OMS
(1981) considera que los indicadores de salud son instrumentos de evaluación
que permiten determinar directa o indirectamente modificaciones dando así una
idea del estado de situación de una condición.
Los
indicadores de salud y relacionados con la salud, con frecuencia utilizados en
diversas combinaciones, se emplean en particular para evaluar la eficacia y los
efectos. Un indicador ideal debe tener atribuciones científicas de validez,
es decir debe medir realmente lo que se supone debe medir, confiabilidad
permite realizar mediciones repetidas por distintos observadores, deben dar
como resultado valores similares del mismo indicador, sensibilidad debe
ser capaz de captar los cambios y especificidad tiene que reflejar sólo
cambios ocurridos en una determinada situación. (OMS,1981).
De
la misma manera la OMS (1981) define la evaluación del impacto en la salud
(EIS) como una combinación de procedimientos, métodos y herramientas a través
de las cuales se puede juzgar una política, programa o proyecto en relación con
sus efectos potenciales sobre la salud de la población y la distribución de
tales efectos.
Desafortunadamente
no se cuenta con los suficientes recursos metodológicos que faciliten una
evaluación de impacto que refleje en su más amplia gama los aspectos
relacionados con la calidad. Para la evaluación de impacto de cualquier
programa de salud, será necesario disponer de un instrumento que permita
operacionalizar el concepto de evaluación de impacto en salud en correspondencia
con las características particulares del mismo y su relación con las esferas de
actuación de los implicados.
Las
intervenciones con un impacto real en la salud de las poblaciones deben tener
un enfoque global y ser de nivel estructural, con medidas de salud pública
decididas a nivel político, los responsables de ponerlas en marcha deben
implicarse en el proceso de toma de decisiones y en la posterior evaluación de
su efectividad. Una de las particularidades de la evaluación de impacto es
precisamente reflejar el resultado que han tenido los programas antes, durante
o luego de su implementación y que debe cumplir entre otras características,
con las siguientes: ser multidisciplinar, intersectorial, utilizar variedad de
métodos diversos, manejar información cuantitativa y cualitativa, priorizar
grupos de riesgos y ser participativa. Por lo que de acuerdo con González L.
(2000; 15) “La evaluación del impacto comprende los procesos de análisis,
seguimiento y gestión de las consecuencias sociales, voluntarias e
involuntarias, tanto positivas como negativas, de las intervenciones planeadas
(políticas, programas, planes, proyectos), así como cualquier proceso de cambio
social, invocado por dichas intervenciones…”. Lo que permite entender que esta
definición es más ambiciosa por cuanto refleja los cambios que puede producir
una acción en un determinado grupo social.
En
definitivo las intervenciones con un impacto real en la salud de las
poblaciones deben tener un enfoque global y ser de nivel estructural, con
medidas de salud pública decididas a nivel político, por tal motivo los
agentes responsables de ponerlas en marcha deben involucrarse totalmente en el
proceso de toma de decisiones y en una evaluación posterior de su efectividad. Por
ello una de las particularidades de la evaluación de impacto consiste
precisamente en reflejar el resultado que han logrado los programas antes,
durante o posterior a su implementación y que debe cumplir entre otras
características, con las citadas a continuación como un deber ser:
multidisciplinar, intersectorial, utilizar variedad de métodos diversos,
manejar información cuantitativa y cualitativa, priorizar grupos de riesgos y
ser participativa. (Mirabal, M., 2012; 6)
Desafortunadamente es muy claro observar que en las políticas
públicas de salud en el país la
labor de evaluación de impacto conlleva múltiples dificultades, generalmente
relacionadas con aspectos metodológicos que se presentan en la operación, sobre
todo las relacionadas con: la falta de disponibilidad de información,
comúnmente reflejada por escasos o nulos sistemas de generación y
almacenamiento de la misma; la ausencia de personal calificado para efectuar el
trabajo, frecuentemente observado de forma principal en las instituciones que
conforman nuestro Sistema Nacional de Salud; carencia de metodologías adecuadas
para su desarrollo, que se desprende de las dos mencionadas con anterioridad,
así como la falta de un sistema de evaluación y monitoreo, por lo que no se
conoce el proceso desarrollado.
Autores como Itzcovitz (1998), Orozco
(2005), Smith (2001), Libera (2007) y Lozano Casanova (2011) han realizado
aportes en función de la evaluación de impacto en diferentes esferas y su
incidencia en el impacto social.
Desafortunadamente en el contexto de
planes y programas se utilizan los indicadores para la fijación de metas
numéricas. La elaboración de metas coloca al programa en un marco medible que
se plantea como posible a evaluarse de forma oportuna y objetivamente sus
resultados. El inconveniente radica en el modo en el cual las metas se han
trazado, debido a que no corresponde a un proceso integral que considere
multifactores más allá que el histórico numérico existente, de modo que se está
ante el fenómeno de la pseudobjetividad, señalado por López P. & Galbán P.
(2011).
Una opción en la verdadera construcción
de indicadores de impacto es la utilización de datos de fuentes nacionales
Lozano Casanova (2011) plantea que el impacto de logra medir constatando los
resultados y colocándolos en correlación con la intención inicial. No obstante la
evaluación del impacto se asocia con los beneficios o efectos, más que con los
resultados estableciendo una vinculación a las alternativas que se poseen para
realizar este tipo de evaluación con el uso de indicadores.
Desde la concepción teórica de los autores se debe entender que la
evaluación constituye el proceso que determina, de manera sistemática y
objetiva, la pertinencia, eficiencia, eficacia e impacto de los programas en
relación con los objetivos planteados para su implementación, con la finalidad
de mejorar el desarrollo de las acciones, que contribuya a la planificación,
programación y toma de decisiones.
Conociendo
lo anteriormente mencionado se propone que a lo largo de este trabajo de
investigación se diseñe un proceso de evaluación que permita el aumento de la eficacia y efectividad
de la estrategia de prestación de servicios PREVENIMSS, como parte del nivel de
satisfacción de los usuarios; con un modelo que
permita evaluar el impacto de los programas de salud pública, que sea viable y eficaz
en su aplicación y principalmente que contribuya en la toma de decisiones por parte
de los directivos que permita incrementar la calidad de los servicios de salud
en la prevención y control del sobrepeso y la obesidad.
El Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) en su carácter de
entidad paraestatal de la administración pública federal, contribuye al
cumplimiento del mandato constitucional que establece que “toda persona tiene
derecho a la protección de la salud...”.
(DOF, 2013). Principalmente al dar cumplimiento a la Ley del Seguro
Social (DOF, 2012), a través de la seguridad social y asumir como parte de
ésta, el compromiso de preservar y mejorar las condiciones de salud y bienestar
de la población derechohabiente, así como elevar la calidad, la oportunidad y
calidez de los servicios otorgados a los derechohabientes.
Con este propósito y en apego al marco de las políticas y la
planeación nacional del desarrollo, vertidas en la Ley de Desarrollo Social y
los Lineamientos Generales para la Evaluación de los Programas Federales de la
Administración Pública Federal; el Instituto Mexicano del Seguro Social
establece mecanismos de evaluación de los programas, procesos e iniciativas, a
través de indicadores que orientan la medición hacia el logro de objetivos y
metas (IMSS, 2016).
La salud juega un papel definitivo en el desarrollo de un país,
por tanto, impulsar Políticas de Salud permite visualizar el concepto de salud
más allá de los servicios del mismo sector, a través, de acciones integrales
que permitan un efecto en la salud de la población. (Stahl et al., 2006).
Bajo esta perspectiva el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS),
mediante PrevenIMSS, realiza diversas actividades de promoción de la salud,
prevención y detección oportuna a sus derechohabientes
PrevenIMSS es la estrategia
de prestación de servicios que tiene como propósito general la provisión
sistemática y ordenada de acciones relacionadas con la promoción de la salud,
la vigilancia de la nutrición, la prevención, detección y control de
enfermedades, salud sexual y reproductiva y atención médica ordenándolas en
cinco grupos de edad:
• Programa de Salud
del Niño,
• Programa de Salud
del Adolescente,
• Programa de Salud
de la Mujer,
• Programa de Salud
del Hombre y
• Programa de Salud
del Adulto Mayor.
Así a través de un conjunto de acciones preventivas y educativas
para la protección de la salud, ordenadas en los cinco grupos de edad
mencionados se establecen acciones de prevención y estrategias de educación en
salud. (Silva, 2012).
El modelo de atención a la salud del Instituto Mexicano del Seguro
Social es de carácter integral y por ello incluye la prevención, curación y
rehabilitación. Sin embargo, el énfasis ha estado en la atención al daño,
principalmente en la atención hospitalaria, tanto del segundo como del tercer
nivel.
Lo cual consideramos que presenta
deficiencias en modelos estructurales de atención primaria a la salud,
que no permite el alcance de políticas nacionales con respecto a la prevención
efectiva de la pandemia de sobrepeso y obesidad.
Lo anterior va muy de la mano con la presencia frecuente de la
insuficiente calidad de los servicios que se otorgan. Por tal motivo, se
considera prioritario también la atención al daño pero poco se han desarrollado
los servicios preventivos en comparación con otros programas de atención a
políticas públicas como el de vacunación, hidratación oral y planificación
familiar, que han tenido gran impacto en la salud y demografía del país. Lo
anterior, aunado a la transición demográfica y epidemiológica, se ha traducido
en elevados gastos de atención médica.
La estrategia Programas Integrados de Salud, PREVENIMSS fue
diseñada durante 2001 y puesta en operación en 2002 e integra en conjunto
acciones antes dispersas, de ahí su denominación; para fines de comunicación
social, se formó el acrónimo PREVENIMSS, que fusiona el concepto prevención con
las siglas del Instituto (Onofre, 2006).
Así, el contenido de los programas se elaboró con base en la
magnitud, trascendencia, impacto y vulnerabilidad de los daños o factores de
riesgo a prevenir. Con lo anterior se cambió el enfoque tradicional de los
programas de salud: de la prevención de enfermedades y riesgos específicos, a
la protección de la salud de grupos poblacionales.
Al concentrar las acciones de cada uno de los grupos para los
cuales se direccionó como target, se buscaba la mejora en su eficiencia y
elevación de su impacto.
Esta estrategia de alguna manera obligó a modificar los sistemas
de información y evaluación, de tal forma que ahora permiten medir las
coberturas de los programas e inicialmente en algunas delegaciones que
constituyen al IMSS se han empezado las evaluaciones de impacto, ligadas a la
calidad de la atención y satisfacción de los usuarios (Onofre, 2006).
De acuerdo al Manual de Indicadores Médicos (IMSS, 2016) el
Instituto dispone de diversos instrumentos de evaluación que coadyuvan en el análisis
de desempeño institucional, la toma de decisiones y la rendición de cuentas.
Uno de estos instrumentos, ha sido diseñado por la Dirección de
Prestaciones Médicas (DPM) el cual se basa en un marco general de evaluación y
monitoreo de las prestaciones médicas, mediante el uso de diferentes
herramientas como parte de un ciclo dinámico, que le otorgan estabilidad a los
productos generados en los diferentes momentos del proceso.
El Manual Metodológico de Indicadores Médicos (IMSS, 2016) tiene
carácter técnico – normativo y se considera como guía para el proceso de
evaluación interna de los indicadores de PREVENIMSS además de considerarse como
sistema de monitoreo de las prestaciones médicas que se otorgan en el
Instituto. A través de fichas técnicas establece los fundamentos conceptuales y
operativos donde se refiere el objetivo de la medición; el método de cálculo;
las fuentes oficiales para la obtención de los datos; los criterios y
estándares esperados, así como los rangos para establecer el nivel de
cumplimiento alcanzado, en este caso de utiliza semáforo que identifica tres
niveles de desempeño: verde (aceptable), amarillo (con riesgo) y rojo
(crítico).
El diseño del enfoque de evaluación está basada en Procesos de
Salud-Enfermedad, el cual tomó como base el modelo (secuencia de eventos o
etapas) descrito en las Normas Oficiales Mexicanas, así como en las Guías de
Práctica Clínica Institucionales y del Sector Salud.
Las principales características de este enfoque de evaluación son:
en primer término:
1. Eje centrado en la
población derechohabiente de grupos poblacionales de riesgo y en los que existe
la posibilidad de establecer estrategias para evitar el incremento del daño de
algún padecimiento específico;
2. Medición de las
acciones (intervenciones) que son ejecutadas por los servicios de salud para
erradicar o impedir el avance de la enfermedad y sus complicaciones.
Esta visión de análisis de tipo secuencial favorece la evaluación
y el monitoreo institucional, a través de los resultados de las acciones
realizadas para alcanzar la “Atención Integral” de los derechohabientes del
Instituto.
De esta manera, el Manual Metodológico (IMSS, 2016) considera la
promoción y protección de la salud, la prevención de la enfermedad, el
diagnóstico, el tratamiento, la identificación de complicaciones, la prevención
de la incapacidad e invalidez o el desenlace (recuperación del estado de salud
o muerte), permitiendo medir el impacto sobre el problema de salud o sus
determinantes, así como el avance paulatino en cada uno de ellos.
Para temas como la obesidad y el sobrepeso se utilizan indicadores
que, de preferencia, debían ser de resultado/impacto (resultado intermedio o
final) como coberturas, incidencias, prevalencias, letalidad, mortalidad;
factibles de obtener de los diferentes sistemas de información oficiales y
susceptibles de medición en población derechohabiente.
El modelo básicamente considera el curso enfermedad (historia
natural de la enfermedad) relacionadas con las intervenciones aplicadas. Pero
consideramos, se sigue haciendo importante considerar aspectos de impacto y
atención y satisfacción de usuarios, regionalizados a cada delegación que
conforman el Instituto.
En 2013 se contemplaban para los Programas Integrales de Salud 13
indicadores, sin embargo en la actualización 2016, de acuerdo a la necesidad
demandante de crear estrategias y acciones de alto impacto en la lucha contra
el sobrepeso y obesidad se establecieron 8 indicadores exclusivos en la
atención de adultos mayores de 20 de mencionado padecimiento y 6 indicadores
relacionados con las acciones PREVENIMSS
La evaluación de impacto en salud es una sólida herramienta para
lograr afrontar las desigualdades en salud así como dar la información
existente y precisa para mejorar la calidad de las decisiones de los creadores
de políticas sectoriales. Asimismo, permite una ordenada alineación de los
diferentes programas existentes dentro del sector público para mejorar la salud
de la población y hacer un uso eficiente de los recursos públicos (Stahl et
al., 2006).
El objetivo de la evaluación de impacto en salud es sin lugar a
dudas mejorar el conocimiento sobre el efecto de las políticas o programas en
la salud de las poblaciones, además de informar a los responsables políticos y
a las poblaciones afectadas, de igual forma debe facilitar los cambios en las
políticas evaluadas para mitigar los efectos negativos y maximizar los impactos
positivos (Parry J.M. y Kemm J.R., 2005).
La Evaluación de Impacto en Salud es una combinación de
procedimientos, métodos y herramientas con los que puede ser juzgada una
política, un programa o un proyecto, en relación a sus potenciales efectos en
la salud de la población, y acerca de la distribución de esos efectos dentro de
la misma población (OMS- ECHP, 1999).
Una evaluación de impacto en salud se emplea de mejor manera
cuando se elabora de forma prospectiva durante el desarrollo o diseño de una
política (Kemm, et al., 2004). El proceso debe de activarse cuando el
desarrollo de la política en cuestión esté lo suficientemente avanzado de forma
que se tenga clara la naturaleza y el propósito de la misma, pero al mismo
tiempo que dicho desarrollo esté lo suficientemente prematuro para que se pueda
influenciar en el diseño y/o implementación de la propuesta.
La Evaluación de Impacto en Salud se desarrolla en Europa desde
1999, sobre todo en Reino Unido, Holanda y Suecia (Kemm J., Parry J. y Palmer
S., 2004). Otros países como Francia y Alemania la implementan de manera más
recientemente.
La mayoría de las aproximaciones se llevan a cabo a nivel local
(en proyectos o programas de menor escala), a pesar de los intentos recientes
de trasladarlo al niveles más amplios (Lock K., Mc Kee M., 2005).
La evaluación del impacto en la salud (EIS) cada vez más se emplea
en países europeos, de forma paralela al interés creciente de los gobiernos por
incorporar el valor salud en las agendas.
Un claro ejemplo son los avances que España ha dado al respecto lo
cual podemos observar claramente en el Programa de Evaluación de Impacto del
Gobierno Vasco.
Para llevar a cabo la EIS del Gobierno Vasco se ha utilizado una
herramienta de cribado (checklist) para la EIS desarrollada ad hoc para su
aplicación a las políticas autonómicas, y validada por el Departamento de
Sanidad y Consumo. Se trató de una herramienta basada en el modelo de los
determinantes sociales de la salud (DSS).
Este marco conceptual trata de explicar cómo las desigualdades en
la salud y el bienestar se relacionan con factores intermedios que vienen
determinados por la posición social de las personas. Así, factores del contexto
socioeconómico y político, que incluyen el gobierno y la tradición política,
los actores económicos y sociales, así como los valores y normas culturales y
sociales actúan como determinantes estructurales de la salud. Estos factores
tienen una gran influencia en la posición que las personas adquieren en la
jerarquía social, condicionando diferencias en la distribución de factores
intermedios como las condiciones materiales de vida, factores psicosociales y
hábitos de vida, que a su vez producen resultados desiguales en la salud y el
bienestar.
En este programa mediante un análisis sistemático de los
determinantes sociales de la salud, además se identificaron los impactos
(positivos, negativos o dudosos) en la salud y se elaboraron las correspondientes
recomendaciones.
Las conclusiones de la aplicación de la EIS del Gobierno Vasco,
permitió atender las políticas, planes y proyectos a fin de que se incorporen
en la perspectiva de las desigualdades sociales a fin de mejorar su
efectividad. Este Programa que tuvo como razón de ser la lucha contra las
desigualdades sociales, aumentó sus efectos positivos e incorporación de la
perspectiva de género.
Dicha integración permitiría diseñar acciones más adaptadas a las
necesidades diferenciales de hombres y mujeres. (Aldasoro, Esnaola y
Bacigalupe, 2012).
Otro ejemplo más es Canadá, Quebec institucionalizó el proceso de
la evaluación del impacto en la salud al incluirla en su Ley de Salud Pública.
La EIS ofrece un marco estructurado que permite evaluar las posibles
consecuencias de políticas extrasanitarias en la salud comunitaria. Por ello su
objetivo último es el de maximizar las ganancias en salud y así, en la medida
de lo posible, reducir las desigualdades.
De igual forma se le atribuye un gran potencial para el abordaje
de los determinantes y la acción intersectorial en salud. Como retos de futuro
se apunta la necesidad de fortalecer sus fundamentos metodológicos,
especialmente en lo que se refiere al proceso de estimación de impactos, así
como la necesidad de avanzar en su integración progresiva en los procesos
formales de decisión, ya sea por sí sola o como parte de otras evaluaciones de
impacto.
Los mayores avances se han hecho en países como Inglaterra, Gales,
Irlanda, Suecia, Finlandia y los Países Bajos, donde la EIS se está
introduciendo de forma más o menos sistemática en distintas instancias y
niveles de decisión. Sin embargo, al tratarse de una herramienta de reciente
creación, se encuentra todavía en una fase inicial de desarrollo.
La evaluación del impacto en salud se está abordando ya de una
manera regular a nivel europeo. La Comisión Europea (CE) ha convertido en una
prioridad la utilización de evaluaciones del impacto que identifiquen las
repercusiones sociales, económicas y medioambientales de todas las nuevas
propuestas importantes. Las repercusiones sobre la salud y los sistemas
sanitarios se consideran una parte de este amplio procedimiento, adicionalmente
la CE está trabajando con los Estados Miembros de la Unión Europea (UE) para
desarrollar metodologías y herramientas que aborden la salud y los sistemas
sanitarios en la toma de decisiones, especialmente a través del Grupo de Alto
Nivel sobre Servicios Sanitarios y Atención Médica.
A través del proyecto “La eficacia de la Evaluación del Impacto
Sanitario”, y con el apoyo financiero de la CE, el Observatorio Europeo de
Sistemas y Políticas de la Salud ha utilizado sus redes de expertos para reunir
valiosas evidencias de esta índole.
En nuestro país hay un escaso conocimiento y experiencia al
respecto; únicamente se han puesto en marcha algunas experiencias pioneras en
sexenios pasados, que intentaron desde la Secretaría de Salud.
A pesar de que en los últimos años ha aumentado de forma notable
el interés por la evaluación de las intervenciones en salud, especialmente en
relación a su utilidad social y su eficiencia económica, en México estamos
todavía muy lejos de tener un grado suficiente de consenso en los aspectos
básicos de la evaluación, como son la terminología, la finalidad y la metodología
de trabajo.
Dado el contexto actual sobre el futuro de la salud pública en
México, vale la pena reflexionar sobre las oportunidades de desarrollo de la
EIS en los próximos años, así como su potencial real para colocar y mantener el
valor «salud» en las agendas.
Es necesario crear acciones de evaluación delegacional sobre el
impacto de los Programas Integrales a través de la recopilación de la evidencia empírica para fundamentar las
políticas y estrategias de salud relacionadas con:
- Un equilibrio
entre la atención preventiva y curativa;
- Uso de estándares
basados en las experiencias internacionales para guiar el desarrollo de
infraestructura y recursos humanos con un enfoque en el cuidado preventivo y
- Uso de puntos de
referencia para monitorear la calidad del cuidado de la salud, también con un
enfoque en la atención preventiva.
Esto ayudará a formular nuevos documentos estratégicos y de
política, así como promover políticas basadas en pruebas de decisiones dentro
de la cultura delegacional, lo cual complementará de forma eficiente los
documentos de gestión que se generan al interior de las Jefaturas de Servicios
de Prestaciones Médicas.
Esta evaluación del impacto del programa ayudará a guiar el curso
futuro del mismo mediante la identificación de buenas prácticas y áreas de
oportunidad, siendo una excelente herramienta para la administración brindando
evidencia objetiva sobre los beneficios de atención preventiva que puede
contemplar a mediano plazo que el sector de la salud podría trazar su estrategia
de atención de salud.
De acuerdo con el Banco Mundial (2000), la evaluación de impacto
mide los cambios en el bienestar de los individuos que pueden ser atribuidos a
una política específica y sus objetivos están direccionados en proveer
información y ayudar a mejorar su eficacia.
En este sentido, se convierte en una herramienta que utilizan los
tomadores de decisiones en la formulación de políticas, y que hacen posible que
el público pueda exigir cuentas sobre los resultados de los programas.
Existen otros tipos de evaluación de programas, como las
revisiones organizacionales y el monitoreo de procesos, pero éstos no miden la
magnitud de los efectos ni atribuyen la causalidad que corresponde a los
efectos.
Un análisis causal a través de procesos de evaluación, son
esenciales para comprender la función relativa de la intervención de programas
alternativos, por ejemplo, en la reducción de la pobreza.
La información generada por esta evaluación ayuda a tomar
decisiones sobre la necesidad de ampliar, modificar o eliminar cierta política
o programa, y es posible utilizarla para asignarle prioridad a las acciones
públicas.
Las evaluaciones de impacto requieren una gran cantidad de
información, tiempo y recursos. Por esta razón, es importante seleccionar
atentamente las acciones públicas que se evaluarán. Uno de los aspectos
importantes al momento de seleccionar los programas y políticas que se
evaluarán, es el potencial de aprendizaje que se deriva de sus resultados. En
general, es mejor evaluar programas a partir de los cuales se pueda extraer el
máximo de conocimientos y que al mismo tiempo proporcionen información sobre
formas de corregir los problemas que se presentan durante su operación
(Prennushi, G., 2000).
La Organización Mundial de la Salud (2000) define la evaluación
del impacto en la salud (EIS) como una combinación de procedimientos, métodos y
herramientas a través de las cuales se puede juzgar una política, programa o
proyecto en relación con sus efectos potenciales sobre la salud de la población
y la distribución de tales efectos.
El fin de la EIS es maximizar las ganancias en salud de una
intervención, a pesar de que tal intervención no tenga como finalidad la mejora
de la salud y de ahí el carácter predictivo de la EIS: no es tanto una mera
herramienta de investigación, sino una herramienta para ayudar en la toma de
decisiones.
Su carácter multidisciplinario, intersectorial y participativo,
con una especial atención a las desigualdades sociales en salud derivadas del
nivel socioeconómico, la etnia, el género o la edad.
La utilización de metodologías tanto cuantitativa como cualitativa
y los valores subyacentes a la EIS son la democracia, la equidad, el desarrollo
sostenible, la promoción de la salud y el uso ético del conocimiento
científico, así como la participación y la igualdad de los distintos agentes
(Mindell, J., 2003).
En definitivo, considerar el marco teórico de los determinantes
sociales de la salud permite posicionar a la EIS de forma privilegiada a fin de
que el diseño de las intervenciones sectoriales considere la relación entre los
aspectos sociales y la salud de las poblaciones.
Por lo tanto al considerar lo descrito con anterioridad, es
necesario considerar los resultados en
salud y los factores de riesgo o determinantes de la salud en los estudios
epidemiológicos clásicos, así como las causas subyacentes que los explican.
Estas causas, también llamadas determinantes de los determinantes
de la salud, hacen alusión a factores sociales como lo pueden ser: medio
ambiente social, trabajo, vivienda, transporte, educación, etc., los cuales son
modificables a su vez por acciones de índole político (Joffe, M. & Mindell,
J., 2002)
Joffe M. y Mindell J. (2002), consideran que el análisis de la
relación entre las políticas, los determinantes y la salud se puede generar
utilizando aproximaciones diversas, que incluyen, entre otras, la evaluación de
necesidades, el análisis de políticas en salud, el estudio de la carga de
enfermedad o la estimación del impacto sobre la salud de la disminución de una
exposición.
La Evaluación de Impacto en Salud, definitivamente se nutre de la
evidencia obtenida de esas aproximaciones y valor a los efectos potenciales de
una intervención sobre la cadena causal que incluye los determinantes sociales
de la salud, los determinantes o factores de riesgo individuales y los
resultados en salud.
Al analizar que es una EIS, podemos observar que esta se encuentra
íntimamente relacionada al cumplimiento de sus objetivos y en el sentido de
recolección de información y monitoreo de su operación a los indicadores. Sin
embargo, continuamente se confunde a los indicadores con toda serie de datos
disponibles, medidas y estadísticas; por ello, es pertinente aclarar sus
diferencias.
Para la Organización Mundial de la Salud (OMS, 2005) los
indicadores son una parte crítica del proceso de medición que depende de la
definición y selección de indicadores, partiendo de la base de qué resultado de
acciones que son las que se miden.
Mondragón Pérez señala que
se carece de una definición precisa por parte de algún organismo nacional o
internacional, sólo algunas referencias que permiten describirlos como
herramientas para clarificar y definir de forma más precisa, objetivos e
impactos son medidas verificables de cambio o resultado que se encuentran
diseñadas para contar con un estándar contra el cual evaluar, estimar o
demostrar el progreso relacionado de forma directa a metas establecidas, lo
cual facilitan el reparto de insumos, produciendo productos y alcanzando
objetivos.
Horn R. (1993) los define como indicadores sociales que son
estadísticas, serie estadística o cualquier forma de indicación que nos
facilita estudiar dónde estamos y hacia dónde nos dirigimos con respecto a
determinados objetivos y metas, así como evaluar programas específicos y
determinar su impacto.
Como bien lo menciona Mondragón (2002), la construcción de
indicadores requiere un marco legal, programático y normativo tanto nacional
y/o internacional, estableciendo las necesidades de información para medir o
analizar la situación de la economía, la sociedad, la población o el medio
ambiente, respecto a determinados valores o metas perseguidos.
Lozano Casanova (2011) plantea que el impacto se mide constatando
los resultados y colocándolos en correlación con la intención inicial. No
obstante, es válido aclarar que la evaluación por impacto se asocia, no con los
resultados propiamente dichos, sino con los beneficios o efectos de dichos
resultados, vinculando las alternativas que se tienen para realizar este tipo
de evaluación mediante la investigación y con el uso de indicadores.
Autores como Fuentes & Verdessi (1996) consideran en términos
generales que los indicadores de salud representan medidas resumidas que
permiten capturar información relevante sobre distintos atributos y dimensiones
del estado de salud y del desempeño de un
sistema de salud.
De forma específica los visualizan en relación a la proporción de
señales para monitorear la gestión de un servicio, asegurando con ello que las
actividades vayan en el sentido correcto, que permita evaluar los resultados de
una gestión frente a sus objetivos, metas y responsabilidades.
Actualmente el Programa de salud PREVENIMSS, creado como un
conjunto de acciones preventivas y educativas para la protección de la salud,
ordenadas estas en cinco grupos de edad, busca contribuir a mejorar la salud de
la población mediante la detección y tratamiento del sobrepeso y la obesidad en
la población mayor de 20 años de edad derechohabientes del IMSS, con esto, se
busca disminuir el riesgo de enfermedades crónicas no transmisibles como
diabetes, dislipidemias y problemas cardiovasculares.
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